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Sankara, el Che Guevara africano que cambió el rumbo de Burkina Faso

elEconomistaAmérica.com | Argentina - 17:00 - 5/10/2017
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    Burkina Faso, uno de los países más pobres del mundo

    Por Omer Freixa* (Especial para el Economista América)

    Burkina Faso puede pasar como un país desapercibido y para muchos difícil de ser ubicado en un mapa, además que pueda desorientar el hecho que a mediados de los años 80 haya cambiado de nombre (el que hoy conserva), dejando atrás el colonial Alto Volta. En 1983, en las vísperas de comenzar una gran transformación, según Naciones Unidas, el 75% de la población altovoltense vivía en condiciones de pobreza absoluta.

    País pobre, pueblo íntegro

    Pese al desconocimiento, se destaca (no para bien) por ser uno de los países más pobres del mundo y con un suelo en su mayor parte árido. En esta "tierra de hombres íntegros" como se traduce de dos lenguas locales, tuvo lugar una revolución que duró cuatro efímeros años pero que dejó su huella en el imaginario africano y contribuyó a sumar un héroe más a una suerte de galería de grandes líderes del continente, Thomas Sankara, junto al mártir e ícono nacional congoleño Patrice Lumumba, Amílcar Cabral de Guinea Bissau o Nelson Mandela.

    Sankara, llamado el Che Guevara africano o negro, resulta desconocido en líneas generales en el mundo occidental. Su accionar estuvo enmarcado en la intención de transformar su país, recuperando la dignidad de sus habitantes, para que la nación fuera digna exponente de lo que indica su nombre, que lo habiten "los hombres íntegros". Sankara, un joven capitán de ideas progresistas, defendía la lucha de los pueblos para su liberación, no solo en su país sino en África y en el mundo. La meta de la felicidad fue una constante en su discurso, en el país que él mismo definiera ante las Naciones Unidas como "el concentrado de todas las desgracias del mundo", con una tasa de mortalidad infantil del 180%.

    Burkina Faso, con una tradición de golpes de Estado desde su independencia en 1960, el 4 de agosto de 1983 asistió a uno nuevo. Pero, a diferencia, de los pasados, este nuevo estuvo liderado por un grupo de militares progresistas, de los cuales destacaron el capitán Blaise Compaoré y su homólogo Sankara, camaradas y amigos. "El objetivo de la Revolución es darle poder al pueblo" enunció el último. Las consignas de la revolución se englobaron en tres: economía popular, moralización y austeridad, planteándose una revolución desde abajo. "Los revolucionarios están en todos los sitios", remató el joven líder burkinabé. Respecto a los logros, la revolución avanzó mucho, si bien resultó trunca, extinguiéndose la aureola de Sankara y el ímpetu revolucionario el 15 de octubre de 1987. Lo suyo fue una furia meteórica contra el imperialismo y el neocolonialismo, los verdaderos males a combatir.

    Austeridad

    Tras involucrarse en política a partir de un golpe militar, a finales de 1982, Sankara fue ascendiendo en la jerarquía política. El 1° de febrero de 1983, tras ser designado Primer Ministro, enunció cuál sería el código de conducta de sus ministros: "Fuerza de carácter, valentía, dedicación al trabajo, integridad y honestidad", repitiendo la palabra "pueblo" 59 veces.

    La acción más sólida comenzó el 4 de agosto cuando tomó el poder. Sankara purgó las fuerzas armadas de elementos corruptos e ineficientes, al igual que los cuadros de la burocracia responsables de malversación de fondos, incompetencia, alcoholismo, etc. El nuevo presidente se propuso limpiar de elementos deficientes la estructura política del país. "Es inadmisible que haya políticos dueños de quince villas (…), cuando a 15 kilómetros de Ouagadougou la gente no tiene medios suficientes ni para comprar una caja de nivaquina para curar la malaria", expresó.

    La austeridad se aplicó en regla. A partir del momento de la Revolución se establecieron racionamientos varios, como de electricidad y papel. Se fijaron contribuciones obligadas para el personal de la administración pública en todos sus niveles, un porcentaje del sueldo de acuerdo a la categoría. El objetivo de Sankara era lograr que no se concibiera un cargo público como modalidad de "salvación" a costa de depredar el botín estatal. "Un ministro que es maestro percibe un sueldo de maestro, el presidente que es capitán recibe ese sueldo, nada más", sentenció. Además, se obligó a que los miembros del gobierno mantuviesen el mismo nivel de renta de su anterior trabajo y se impuso un techo máximo para los salarios.


    Fiel a su proyecto, el inventario del presidente fue más que modesto y exigió la misma simplicidad a sus allegados. Reemplazó los lujosos autos del funcionariado por modestos Renault 5 (que él mismo uso) y solicitó rebajar ostensiblemente los gastos durante las giras en el exterior. Al momento de declarar su patrimonio, éste constaba de una motocicleta, algunos libros y una humilde residencia de la cual todavía pagaba un crédito. Según sus amigos, Tom Sank (apodo popular) era el único jefe de Estado en África sin dinero en efectivo. Incluso retiró el aire acondicionado de su despacho y rehusó recibir un avión presidencial. "No podemos ser los dirigentes ricos de un país pobre", sostuvo.

    En otro gesto de austeridad y solidaridad, Sankara recorría el país para escuchar y resolver las necesidades de los más postergados. También se recibía a diplomáticos en medio de los poblados más remotos, para que el mundo viera cómo se vivía la realidad cotidiana en Burkina Faso. "Hay que vivir a nivel del país real", enfatizó.

    Educación, salud y autosuficiencia

    Sankara reflexionó que la educación era un pilar fundamental del nuevo orden a construir, y reconoció que el analfabetismo era un flagelo. Lo incluyó "entre las enfermedades que hay que eliminar lo antes posible de la faz de la tierra". Según el Banco Mundial, uno de cada cincuenta burkinabés sabía leer y escribir y el 99% de las mujeres era analfabeta. En 1960 solo 50.000 niños iban a la primaria, uno de cada trece. Si bien en los años siguientes aumentó el número, no obstante en 1983 la tasa de escolarización no superaba el 16%.

    El gobierno comenzó una serie de obras que incluyó la construcción de escuelas. A cuatro años se construyeron 932 escuelas, la misma cantidad que en los 23 años anteriores. Por ende, la tasa de escolarización primaria pasó del 16% en 1983 al 32% en 1986. Entre febrero y abril de 1986 comenzó una campaña de alfabetización en los idiomas locales, con 30.000 adultos movilizados. "Un hombre que aprende a leer y escribir es como un ciego que recupera la vista", celebró el líder revolucionario.

    En materia de salud, se alentaron campañas de vacunación. Por caso, en apenas tres semanas en 1985 fueron vacunados contra el sarampión más de un millón de niños. Para 1987, al menos en cerca de 7.000 pueblos hubo al menos un centro sanitario. En Ouagadougou, de 3 farmacias en 1983, en 1987 se contaban 30. El conjunto de avances sanitarios posibilitó que la esperanza de vida pasara de 44 a 50 años, mientras que la tasa de mortalidad infantil decreciera del 187% al 150% entre 1983 y 1987.

    Las mejoras no solo quedan en estas dos facetas. A nivel agrario el progreso fue considerable, dando pasos agigantados contra el gran problema de la desertificación. La autosuficiencia alimenticia se consiguió en el bienio 1985-1986 con una producción de cereales récord. Sankara fue un gran partidario de no depender de ninguna clase de ayuda externa, así como de negarse a pagar las deudas internacionales. Por último, garantizó diez litros de agua y dos comidas diarias para todos los burkineses al anunciar la revolución, objetivo alcanzado en solo cuatro años.

    Rol de la mujer

    Sankara reivindicó el importante papel que le cabía a la mujer en el proceso revolucionario y quiso removerla del papel de sujeto inferiorizado que siempre detentó. Explicó que la revolución no podía avanzar sin la necesaria liberación de las féminas. En su gabinete las hubo como nunca antes en la historia del país. El líder denunció que las mujeres habían sido relegadas al rango de animales de carga, soportando el doble peso del colonialismo y del hombre.

    El 22 de septiembre de 1984 se convocó a la jornada Maris au marché, una oportunidad para invitar a los hombres a desempeñar tareas femeninas a efectos de tomar conciencia de lo ardua de la vida femenina. En áreas rurales de Burkina Faso, aun en la actualidad, las mujeres trabajan un promedio de 17 horas diarias cubriendo hasta el 80% del trabajo. Si en los países desarrollados las mujeres son más longevas que los hombres, en Burkina Faso es al revés. Otro gran problema era y es el de la mutilación genital femenina, pues en 1980 afectaba a más del 70% de las mujeres altovoltenses, y contra el cual en 1985 se anunció una campaña. En una palabra, Sankara incitó a que las mujeres dejaran de ser esclavas del sistema, situación que arrastraba milenios porque pagaban, a su entender, un precio muy alto por el hecho de haber nacido hembras. "No importa lo oprimido que pueda estar el hombre, siempre tiene a otro ser humano que oprimir: su mujer", denunció Tom Sank.

    Final trágico

    "Nosotros somos revolucionarios, pero el mundo en que vivimos no lo es (…). Por lo tanto, tenemos que estar preparados para convivir con regímenes que no harán nunca ningún tipo de revolución y que quizás tengan intención de atacar la nuestra". Sankara puso la guardia en alto y no se equivocaba. El 15 de octubre de 1987 un ataque contra él y sus allegados provocó 13 víctimas, a las que se enterró precariamente en una fosa común. Su antiguo amigo Compaoré fue responsable de la muerte del Che Guevara africano y usurpó su lugar. En apenas unos días el nuevo mandatario deshizo gran parte de la obra revolucionaria precedente. Sobre todas las cosas, volvió a alinear a Burkina Faso en la órbita del interés neocolonial, el gran enemigo del sankarismo, acercándose a Francia. Muchos se lamentaron de la muerte acaecida, no los imperialistas y sus acólitos. Como dijera el hombre que se volvió un mito burkinés y africano: "el imperialismo es un mal estudiante que aunque le expulsen de clase, vuelve".

    * Omer Freixa (@OmerFreixa) es historiador africanista argentino (UBA-UNTREF), docente e investigador en las Universidades de Buenos Aires y Tres de Febrero, y profesor en el Consejo Superior de Educación Católica. Mg. en Diversidad Cultural y especialista en estudios afroamericanos.

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