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Macri busca un triunfo rotundo en las legislativas argentinas bajo la sombra de Maldonado

Víctor Ventura - 15:00 - 21/10/2017
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  • La clave en la lucha por la presidencia se sitúa en Buenos Aires

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Cristina Fernández de kirchner. Imagen: Reuters

A Mauricio Macri, el presidente de Argentina, le habría encantado que las elecciones legislativas de mitad de mandato se hubieran celebrado la semana pasada. Tras imponerse con claridad en las primarias de agosto -una primera vuelta en toda regla-, su coalición, Cambiemos, se dispone a aumentar su margen de victoria, dar a Macri un control más cómodo del Congreso y dejar a la oposición llena de dudas y sin líderes claros. O, por lo menos, eso se esperaba, hasta que la aparición este martes del cadáver del activista Santiago Maldonado, desaparecido el 1 de agosto, sacudió la política argentina.

Aun así, el foco estará puesto en tres claves: el margen de victoria del Gobierno, la lucha interna entre los distintos grupos peronistas y, sobre todo, la capacidad de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner de movilizar a su electorado tradicional en la provincia de Buenos Aires, la mayor del país y la que fue uno de sus feudos clave en sus dos campañas presidenciales.

Macri es el favorito

Sobre el papel, Cambiemos llega como el claro favorito para dar un golpe de autoridad, ampliar sus grupos parlamentarios en ambas cámaras y encarar los dos últimos años del primer mandato de Macri con mayor calma. Con los resultados de las primarias en la mano, su coalición podría ganar 19 escaños en la Cámara de Diputados -hasta 104- y 6 en el Senado -hasta 24-. Así, en la Cámara Baja se separaría con claridad del bloque kirchnerista, que bajaría a 70, y se quedaría a 25 escaños de la mayoría absoluta, situada en 129. En el Senado, por su parte, seguiría como segunda fuerza, pero ya sumaría un tercio de la cámara y tendría menos problemas a la hora de negociar proyectos con los peronistas no kirchneristas, que ocupan el primer bloque.

Además, las encuestas en las últimas semanas están moviéndose a favor del Gobierno, por el efecto de los votantes que se abstuvieron en las primarias y del voto útil de los ciudadanos que apoyaron a partidos que quedaron muy lejos de obtener representación con los resultados de agosto. Cualquier parlamentario extra que pudiera añadir no haría sino cimentar la imagen de Cambiemos como una exitosa máquina electoral, que en sus dos años de vida ha superado las expectativas prácticamente en todos los comicios. Y si pudiera lograr la victoria en las cinco mayores provincias del país -en agosto, se quedó al borde de conseguirlo-, su imagen se vería enormemente reforzada.

La guerra por Buenos Aires

Sin embargo, el principal objetivo del Gobierno es ahondar en la división interna del peronismo, la fuerza hegemónica en Argentina durante las últimas décadas y que por primera vez desde 2003 llega a unas elecciones nacionales sin un liderazgo claro. Tres bloques se disputan el control: el kirchnerismo, liderado por Fernández, que obtuvo un 20% de los votos a nivel nacional en las primarias; el peronismo opositor, sin un líder pero con un 17% de los sufragios; y el grupo UNA, liderado por Sergio Massa, con algo más del 7% de los votos.

La clave en la lucha de los tres grupos se sitúa en la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país y clave en cualquier elección nacional. Tanto Fernández de Kirchner como Massa se presentan a senadores. Cambiemos, por su parte, ganó las últimas elecciones a gobernador de la provincia -la primera vez que un no peronista ganaba en tres décadas- y su líder, María Eugenia Vidal, se ha puesto al frente de la campaña oficialista. 

En las primarias, el poco conocido candidato de Cambiemos, Esteban Bullrich, quedó en segundo lugar tras Fernández por apenas 20.000 votos, ambos en el 34%. Massa quedó muy detrás: solo un 15%. Este resultado dejaría a Massa, hasta ahora diputado, fuera del Congreso y le eliminaría como líder opositor. 

Pero la batalla se centra en las pocas papeletas que separaron a Fernández de Bullrich. Las últimas encuestas señalan una caída de la expresidenta, lo que daría un senador más a Cambiemos y, sobre todo, mostraría el fuerte desgate sufrido por Fernández en los últimos años: en su feudo, Buenos Aires, rondó el 45% de los votos en 2005 y 2007 y tocó el 56% en 2011. Si ahora terminara en segundo lugar, detrás de un candidato oficialista semidesconocido y con menos del 34%, sus probabilidades de enfrentarse con éxito a un Macri reforzado en las presidenciales de 2019 se hundirían. Y sin Fernández, el kirchnerismo no tiene ninguna otra figura capaz de instalar un liderazgo fuerte en apenas dos años y poder aspirar a ganar en Buenos Aires.

¿Sorpresa de octubre?

Esta era la situación, al menos, hasta esta semana. Pero la muerte del activista Maldonado es la mayor "sorpresa de octubre" -como llaman en Estados Unidos a las grandes noticias de última hora que pueden afectar gravemente a la imagen de uno de los candidatos- a la que se enfrenta el Gobierno. El efecto del shock político es todavía desconocido. Maldonado desapareció antes de las primarias, pero el efecto de la noticia no tuvo efectos notables: Cambiemos ganó con claridad e incluso superó las encuestas en algunos territorios clave.

Sin embargo, la imagen de un activista muerto tras haber sido visto por última vez en manos de la Gendarmería es mucho más difícil de ignorar, o eso teme el bando oficialista. La fuerza policial lo niega, pero esta situación, en Argentina, recuerda poderosamente a los asesinatos cometidos por la dictadura militar durante el llamado Plan Cóndor, una imagen que muchos argentinos encuentran cuanto menos inquietante. 

La duda es si el caso golpeará la confianza de los grupos que apoyan a Macri por su programa económico o si se limitará a encender al tercio de la población que está firmemente instalado en el bando opositor más convencido. Ni siquiera el efecto movilización sería tan relevante, ya que el voto en Argentina es obligatorio y se espera que la participación ronde el 80%. La respuesta decidirá si Macri cimenta su poder sobre Argentina o si la fortuna le sonríe a Fernández en el último momento.

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