Economía

Alberto Fernández: "Los muertos no pagan (las deudas)"

El presidente, Alberto Fernandez. Foto: Reuters.

El flamante presidente argentino, Alberto Fernández, ratificó que renegociará la multimillonaria deuda soberana debido a la escasez de divisas con la que cuenta. Para dialogar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con los bonistas privados colocó en el Ministerio de Economía a Martín Guzmán, quien ya le había llevado una propuesta para discutir con los acreedores. Este tema volará alrededor de toda la política económica del mandatario del partido Frente de Todos.

Durante el acto de su asunción ante el Congreso Nacional, el martes Fernández se dirigió al FMI y a los tenedores de títulos públicos cuando afirmó: "Los muertos no pagan". Repitió así la frase acuñada por Néstor Kirchner, de quien había sido su jefe de Gabinete cuando gobernó entre 2003 y 2007. En esa época, el país estaba sumido en el default, del que no salió hasta 2005, tras una quita del 70% de la deuda.

Con "los muertos no pagan", Fernández confirmó lo que repitió en numerosas entrevistas durante su campaña electoral: Argentina no abonará el pasivo hasta no renegociar, al menos, los vencimientos. Había planteado la imposibilidad de pagar la deuda externa que generó Mauricio Macri, su antecesor, de "forma irresponsable".

Es que en esos cuatro años en los que ostentó la presidencia, el partido neoliberal Cambiemos incrementó el pasivo estatal en más de 100.000 millones de dólares, lo que incluyó el mayor préstamo en la historia del FMI. Macri había acordado un crédito de 50.000 millones con el organismo multilateral en mayo de 2018, pero su impericia lo llevó a firmar uno nuevo cuatro meses después por 7.000 millones adicionales y casi el 90% de los desembolsos durante el primer año.

Antes de asumir, Fernández se negó a continuar con este pacto y le rechazó al Fondo el envío de los 13.000 millones restantes. De esta manera, buscó demostrar su displicencia con Christine Lagarde, la directora gerenta de la entidad que avaló el préstamo a Macri. En una reunión a puertas cerradas que el entonces candidato a presidente había mantenido con enviados del FMI, les había enfatizado su preocupación por el hecho de que los créditos hayan sido utilizados, en gran parte, para financiar la salida de capitales.

La relación aparenta diferente con el recambio que vio el organismo. Kristalina Georgieva fue una de las tantas que congratuló a Fernández para su primer día en la Casa Rosada. "Felicitaciones Alberto Fernández por su toma de posesión como presidente de Argentina. Compartimos plenamente sus objetivos de aplicar políticas que reduzcan la pobreza y fomenten el crecimiento sostenible", escribió en su cuenta de Twitter.

A los bonistas, Fernández en los últimos meses les había dejado en claro que conocían los riesgos al involucrarse con títulos públicos que se llegaron a vender con una tasa de interés implícita superior al 50%. El equipo económico ha dialogado ya con algunos acreedores, que también le han devuelto propuestas de reestructuración.

La delicada situación de los más de 310.000 millones dólares de deuda que heredó el Frente de Todos impactará en todos los sectores. Las políticas monetarias y fiscales deberán administrar la escasez de liquidez de divisas y tratar de conseguir nuevas. Esto también influyó de forma directa en la elección de los ministros.

En el Banco Central colocó a Miguel Pesce, quien había servido como vicepresidente de cuatro exfuncionarios kirchneristas hasta 2015. Su trabajo se concentrará en ampliar las alicaídas reservas internacionales que hereda del gobierno de Cambiemos, estimadas en poco más de 11.000 millones de dólares por la consultora PxQ. Para eso procurará ampliar las exportaciones y facilitar herramientas a las compañías que venden al exterior, como créditos a menor tasa. En la actualidad, la tasa de interés se ubica en el 63% anual, lo que impide que las empresas puedan mejorar su producción, ya que la tasa de rentabilidad suele ser muy inferior.

Designar en el Ministerio de Economía a Martín Guzmán ofició de señal al mercado para llevar tranquilidad de que el encargado de renegociar la deuda no será alguien que tenga mal vínculo, sino un economista que estudió años junto al premio Nóbel Joseph Stiglitz.

Como había hecho Néstor Kirchner hace 14 años, Alberto Fernández marcó la cancha antes de empezar a jugar. Si bien no se negó a abonar el gigantesco pasivo externo que recibió, dejó en claro que los bonistas deberán esperar antes a que Argentina salga de esta estanflación en la que cayó en el gobierno de Macri. Este año cerrará con una recesión del 2,8% y una inflación del 55%, de acuerdo al relevamiento de expectativas de mercado del Banco Central. En este contexto y con la guerra comercial entre Estados Unidos y China que cierran fronteras al comercio, al Gobierno se le hace imposible cumplir con los compromisos asumidos por la gestión anterior. En eso será inflexible.

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