Economía

El FMI afloja su postura y da más margen a Argentina

  • La deuda "no es sostenible" y el Fondo pide una quita a los acreedores privados
  • El Gobierno logra tres años de gracia para empezar a pagar el préstamo
  • La reestructuración de la deuda en moneda extranjera finalizará el 31 de marzo
Kristalina Georgieva y Martín Guzmán. Foto: Reuters.

Con la llegada de Kristalina Georgieva, el Fondo Monetario Internacional se replantea su política ante el mayor de sus deudores, que anunció una reestructuración de todo su pasivo público externo. Tras el posicionamiento de varios países europeos, el organismo le entregará a Argentina flexibilidades poco usuales, además de que, en un acto inédito, presionó a los bonistas privados para que acepten una quita en el capital.

El FMI le otorgará tres años de gracia a la nación sudamericana, gobernada por el peronista Alberto Fernández, antes de que comience a devolver el préstamo más grande en la historia del organismo, creado después de la segunda guerra mundial. De esta manera, aliviará el cargado perfil de vencimientos para el corto y mediano plazo que había legado del expresidente Mauricio Macri.

Los puntos clave los consiguió Argentina en las arduas conversaciones con la misión de la entidad que visitó Buenos Aires esta semana. El jefe de la delegación, Luis Cubbedu, y Julie Kozak, directora adjunta departamento para el Hemisferio Occidental, se quedaron cuatro días más de lo inicialmente pautado. Sucedió después de que, un mes atrás, Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, consiguieran apoyos de los mandatarios de España, Francia y Alemania, socios de peso dentro del Fondo.

También sirvieron las críticas de la vicepresidenta (y dos veces jefa de Estado), Cristina Fernández de Kirchner, quien en la presentación de su libro Sinceramente, desde Cuba, le exigió al FMI un recorte del préstamo, considerado "ilegal" por una importante parte del arco político, debido a que Macri no solicitó su aprobación previa en el Congreso Nacional. "¿Cómo que el estatuto del FMI prohíbe hacer hacer una quita? También prohíbe que se den préstamos para la cuestión cambiaria y permitir la fuga del dinero. ¿Y por qué vamos a hacer valer una prohibición y la otra no? Quiero que me apliquen el estatuto del Fondo entero, del primer al último capítulo, no me elijas el capítulo. Me aplicas que no pueda hacer quitas pero te aplicas el que dice que no me podías prestar para fugar como la fugaron", cuestionó.

La deuda argentina no es sostenible

Si bien en el preacuerdo que consiguió el Ejecutivo sólo se habla de un período de no pago, esta mitigación fue interpretada como una gran victoria en el Palacio de Hacienda, y como una suerte de recorte en el pasivo, confiaron a elEconomista fuentes presentes en la negociación.

En un comunicado inédito, la delegación coincidió con la idea que planteó Fernández durante toda la campaña que lo llevó a la Presidencia en diciembre pasado, y lanzó: "El personal del FMI ahora evalúa que la deuda de Argentina no es sostenible". "La capacidad de enfrentar el nivel y el servicio de la deuda pública de Argentina se deterioró significativamente en comparación con el último análisis de sostenibilidad efectuado por el organismo en julio de 2019", precisó. "Específicamente, nuestra visión es que el superávit primario que se necesitaría para reducir la deuda pública, las necesidades de financiación bruta y un crecimiento del producto satisfactorio no son económicamente ni políticamente factibles", apuntaron Cubbedu y Kozak.

Ante esto los técnicos enviados dieron como única salida una "contribución apreciable de los acreedores privados". "El FMI hizo hincapié en la importancia de continuar un proceso colaborativo con los acreedores privados para maximizar su participación en la eventual operación de deuda", especificaron. Esto implica, lisa y llanamente, que los bonistas sí acepten una quita sustancial de capital.

El ministro Guzmán tiene previsto finalizar el proceso de reestructuración de la deuda extranjera para el 31 de marzo, pero existen dudas entre los tenedores de títulos, que consideran optimista a la agenda. La fecha no la eligió caprichosamente, sino por la concentración de vencimientos en dólares y euros a partir de abril. En estos días debe seleccionar a los agentes de información que le ayudarán a localizar a los acreedores atomizados. Según pudo saber este medio, el Gobierno cuenta con información sobre cerca del 40% de los bonistas, pero necesita conseguir cerca del 75% de los avales para la mayoría de las series emitidas. Para esto requiere ampliar al máximo el nivel de conocimiento de dónde están dispersos esos papeles antes de llevarles una oferta agresiva pero que sepan pueden llegar a aceptar.

Georgieva desembarcó en septiembre pasado en el FMI y reemplazó al italiano Roberto Cardarelli, quien participó en la suscripción de los acuerdos originales por 57.000 millones de dólares, por Luis Cubbedu como nuevo jefe de la misión para las negociaciones con Argentina. El venezolano Cubbedu ya había sido representante del organismo en Argentina entre 2002 y 2004, allí conoció a Fernández como jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, quien sacó al país del default en 2005 y renegoció con el Fondo la deuda, que devolvió al año siguiente. La economía había entrado en una profunda crisis en 2001, entre otras razones, por los consejos errados del ente multilateral.

La actual directora gerente del Fondo llegó después de que Christine Lagarde consiguiera su "pase" para el Banco Central Europeo. Su antecesora aprovechó firmar el acuerdo récord para su campaña en el BCE. Macri actuó de la misma forma, pero con un resultado infructuoso al perder contra Fernández.

Durante el gobierno neoliberal de Cambiemos, el Estado duplicó la deuda en moneda extranjera hasta el 90% del PIB en menos de cuatro años. El grueso de las divisas conseguidas, incluidos los 44.000 millones de dólares que llegó a enviar el FMI, alimentaron una descontrolada fuga de capitales. Pocos meses antes de dejar el poder, Macri debió imponer severos controles cambiarios para evitar nuevas abruptas devaluaciones de la moneda, que se tradujeron en una aceleración de la inflación. Las subidas de precios alcanzaron el 53,8% en 2019, la mayor en 28 años.

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