Economía

Más argentinos quieren 'escaparse' del país y España es su destino preferido

Aeropuerto

Hartos de las crisis económicas, la corrupción endémica y atosigados por la cuarentena más larga del mundo -comenzó el 20 de marzo y aún no termina- millones de argentinos consideran la posibilidad de emigrar del país. Y no es un eufemismo: varios estudios muestran cómo desde que el kirchnerismo derrotó al presidente de centroderecha Mauricio Macri a fines del año pasado, profesionales y sobre todo jóvenes comenzaron a vislumbrar la idea de marcharse, un éxodo recurrente en Argentina, que tuvo su pico a comienzos de Siglo XXI.

Para vislumbrar el fenómeno basta con mirar los artículos más vistos en los medios argentinos, en los que aparecen listados de países que ofrecen la ciudadanía sin demasiados requisitos, historias de personas que ya migraron y hasta más de medio centenar de ricos y ricas del país que decidieron establecerse fiscalmente en Uruguay, un país que asombra a los criollos por su estabilidad, valores democráticos, laicidad, impuestos razonables… y hermosas playas.

De hecho, un estudio ubica a Uruguay en el tercer puesto en el podio de los países más deseados para migrar. Listado encabezado por España y los Estados Unidos. España, como lo supo ser en la crisis de 2002 es el destino preferido: en efecto, gran parte de la población argentina tiene decendencia española, italiana o, minoritariamente, en algún otro país de Europa. Muchos anticiparon la crisis actual y obtuvieron su ciudadanía europea. Otros, simplemente sueñan.

Las cifras entre algunos segmentos socioeconómicos son abrumadoras. Por ejemplo, un estudio de la consultora Randstad Workmonitor asegura que 84% de los profesionales encuestados dice considerar irse a otro país para desarrollar su carrera. En Argentina sólo 30% de los trabajadores argentinos prefería cambiar de carrera antes que radicarse en el exterior, una cifra muy inferior al promedio global del 54%.

¿Por qué razón se quieren ir?

Alejandro Servide, director de Professionals y RPO de Randstad Argentina, explica al sitio iProfesional que "cuando se dan en el país devaluaciones, estallidos de crisis, alteración de las reglas de juego que impactan en la economía, cambio de signo político del gobierno y otros factores que inciden en el humor social, especialmente de la clase media profesional".

Por eso, ven "un crecimiento de las consultas de profesionales que buscan oportunidades de desarrollo en el exterior. En los últimos días hemos notado una tendencia en ese sentido, con un número sensiblemente mayor de casos de trabajadores argentinos que muestran disposición a reubicarse en otro país".

Según el estudio citado por iProfesional, "ante la pregunta de en qué país preferiría trabajar si tuviera que reubicarse en el extranjero, los encuestados argentinos optaron por España en primer término, seguido por Estados Unidos y Australia".

Otro estudio citado por Infobae, dice que "ocho de cada diez argentinos que tienen la posibilidad de proyectar sus problemas a 10 años se irían del país si tuvieran las condiciones para hacerlo".

Un fenómeno social

"'Apenas se normalicen las cosas, vendemos todo y nos vamos del país'. Si afinamos el oído y prestamos atención, escucharemos muchos anuncios similares a nuestro alrededor, dice Luciano Román, en una columna de opinión en La Nación. Es que "como en los tiempos asfixiantes de la dictadura, como en el desasosiego de la hiperinflación o el descalabro de 2001, se está gestando una nueva diáspora de familias de clase media, empujadas ahora por la crisis y la incertidumbre que se han acentuado con la eterna cuarentena".

Comenta los peligros de la diáspora, pero da en su columna un panorama desolador sobre lo que está sucediendo en el país: "Son parejas de mediana edad que sienten que la peripecia argentina les ha quitado fuerzas para seguir remando. Se les ha desvanecido la esperanza de un cambio en el país. Han acumulado frustraciones con uno y otro gobierno; han apostado y han perdido; han vuelto a creer y se han vuelto a desilusionar. No quieren más. Están decepcionadas de la Argentina de los últimos veinte años y tienen miedo a la que vendrá. Ya han sufrido la inseguridad, el achicamiento de sus negocios y su horizonte laboral y profesional, la recesión, la estanflación y la erosión de sus ahorros".

"Cargan con el desencanto de "un país normal" que se quedó en el eslogan de los brotes verdes que no florecieron, de los segundos semestres que nunca llegaron, de promesas que se evaporaron y grietas que no se cerraron. Ahora temen que, lejos de mejorar, las cosas empeoren y los traumas se agudicen. Tienen miedo por el futuro de sus hijos. Cuando proyectan a largo plazo, no vislumbran oportunidades, mucho menos desarrollo. Hasta perciben un panorama oscuro en materia de libertades e institucionalidad. Por eso piensan en desandar el camino de sus abuelos y bisabuelos: imaginan un futuro lejos de la Argentina; de una Argentina que alguna vez convocaba la esperanza y hoy empuja a la frustración", dice Román.

Aunque con barbijo y obligados a pedir permiso al Gobierno para circular, el desencanto se vive en las calles de Argentina. Solo el tiempo dirá si es un malhumor pasajero o, para miles de desencantados, es un camino sin retorno.

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