Economía

La Argentina acumula deuda aún más rápido que en tiempos del default de 2001

Cristina toma deuda para sostener el gasto público Foto: Archivo

Se tiene una extraña sensación de déjà vu al observar cómo Argentina acumula deuda aún más rápido que en 2001, el año de su impago, el más grande de la historia del país y uno de los más importantes de la trayectoria histórica del capitalismo. Esto va en contra de las declaraciones reiteradas de la presidenta, Cristina Fernández, para quien la Argentina inició un camino férreo hacia el desendeudamiento.

El gobierno anunció la semana pasada que el déficit primario, que excluye pagos de deuda, trepó a 17.400 millones de pesos (US$1.930 millones) en marzo, en comparación con un superávit de 3.600 millones de pesos apenas un año antes. La última vez que Argentina dio a conocer un déficit para marzo fue en 2002, tres meses después de renegar de un récord de US$95.000 millones de deuda, según recuerda un cable de la agencia Bloomberg.

En lugar de contenerlo, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner despilfarra durante una prolongada recesión en un año electoral. Luego de dos mandatos, la constitución no le permite presentar su candidatura por tercera vez consecutiva.

Pocos dudan de que deja el país en mejor situación que cuando su extinto esposo Néstor heredó una economía en ruinas luego del mayor impago de la historia financiera. La deuda de Argentina es en la actualidad de alrededor del 27 por ciento del producto interno bruto ?un tercio del nivel británico-, según Miguel Bein, el principal economista que asesora a Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires e importante candidato presidencial de la alianza de Fernández.

El problema es que el gasto fiscal aumenta conforme llega a su fin la década de auge de las materias primas. Eso priva al gobierno de ingresos producto de exportaciones agrícolas que habían alimentado un superávit hasta 2011. Al mismo tiempo, la capacidad del gobierno de vender deuda en los mercados de capital se ve reducida como consecuencia de una batalla legal de 10 años con inversores que se negaron a aceptar las condiciones de la reestructuración de los bonos.

"Es insostenible que los ingresos crezcan a un ritmo 20 puntos porcentuales menor que el gasto", dijo Belén Olaiz, una economista de Abeceb.com, una firma de análisis económico que tiene sede en Buenos Aires. "Se trata de una brecha que va a ser necesario cerrar en algún momento". Esa es la tarea que le espera al próximo habitante de la Casa Rosada, en la cual ha residido un Kirchner desde hace 12 años.

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