Politica

Los tres frentes que Argentina debe negociar con el FMI: divisas, recesión y pobreza

  • Fernández ya ha avisado que no aceptará recibir el resto del rescate
  • El Gobierno quiere ofrecer a los bonitas la postergación de los vencimientos
  • Mientras, el 40,8% de la población no puede cubrir sus necesidades básicas
Alberto Fernández saluda a la multitud tras ser investido presidente, rodeado su mujer, Marcela Luchetti, y de la expresidenta Cristina Fernández. Foto: Reuters.

El peronista Alberto Fernández no cumplió una semana como presidente de Argentina y ya debe lidiar con pagos de una deuda externa multimillonaria para la que no cuenta con los recursos suficientes. La estanflación en la que su antecesor, Mauricio Macri, sumió a la economía dificulta esa tarea, que debe coordinarse con erradicar la pobreza, que hoy afecta al 40,8% de la población, de acuerdo a una estimación privada. Martín Guzmán ya mantuvo una reunión con el Fondo Monetario Internacional (FMI) antes de ser apuntado como ministro de Economía de la nueva gestión. Para solucionar el problema que generó el préstamo del organismo multilateral deberá operar en múltiples frentes: la falta de divisas, la recesión y la pobreza.

El nuevo presidente del Banco Central (BCRA), Miguel Pesce, deberá idear en conjunto con el equipo económico del Ejecutivo políticas para incentivar las exportaciones y así conseguir los dólares que hacen falta para pagar. A la par, Guzmán complementará con propuestas sustentables de renegociación del pasivo. El esquema vigente indica que entre diciembre y marzo el país debe abonar vencimientos por 7.651 millones de dólares, lo que no incluye al FMI, a quien debería comenzar a pagarle desde 2021, de acuerdo al contrato entre la entidad con Macri.

En 2018, el mandatario del partido neoliberal Cambiemos consiguió que el Fondo entregara el mayor préstamo desde su fundación en 1946: 50.000 millones de dólares. Pocos meses después corrió en busca de auxilio por otros 7.000 millones de dólares y el adelantamiento de las transferencias al punto de que el 90% se envíe hasta 2019, lo que también fue concedido por la entonces directora gerenta de la entidad Christine Lagarde. La inexistencia de una planificación para la inversión y el repago de este crédito ha derivado en que Argentina haya caído en una suspensión de pagos no reconocida por el Gobierno pero sí por los bonistas, que ha derrumbado el precio de los títulos públicos, disparando el riesgo país. "Venimos a resolver el problema de virtual default que dejó la administración anterior", lanzó Guzmán en su presentación ante la prensa como ministro.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se sentará en los próximos días con los acreedores argentinos, más allá del FMI, para renegociar la deuda

Antes de asumir el 10 de diciembre, Fernández le aclaró al Fondo que no aceptará el resto del dinero. "¿Tengo un problemón y voy a pedir 11.000 millones (de dólares) más? Lo que quiero es dejar de pedir y que me dejen pagar", recalcó en una entrevista radial. El ahora Presidente había subestimado la cifra, ya que se trata de casi 13.000 millones de dólares. El 19 de noviembre, había mantenido una comunicación telefónica con la nueva titular del FMI, Kristalina Georgieva, a quien le adelantó que le propondrá un acuerdo de pago de la deuda con el organismo, pero "sin más ajuste".

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se sentará en los próximos días con los acreedores argentinos, más allá del FMI, para renegociar la deuda. Una de las propuestas que posee en funcionario en su escritorio consiste en ofrecerles a los bonistas la postergación de los vencimientos, muchos de los cuales son inminentes, además de una quita en el capital y los intereses, pudo saber elEconomista a través de fuentes que estudian las posibilidades.

"No tiene sentido recibir más desembolsos del FMI en una situación como la actual, en la que la deuda es evidentemente insostenible", afirman desde el Gobierno

Para la reestructuración de la herencia del macrismo, el partido Frente de Todos armó un frente único, donde convocó a economistas que incluso representan ideologías antagónicas a las de Fernández. El flamante ministro organizó un consejo asesor, integrado por ahora por dos exfuncionarios del área de finanzas de gobiernos anteriores: Daniel Marx y Adrián Cosentino Además, estableció una unidad ad-hoc especial para la Gestión de la Sostenibilidad de la Deuda Pública Externa, que Guzmán dirige. Será la encargada de diseñar las políticas de deuda pública externa.

Previo a su oficialización como titular de la cartera económica, el discípulo del nóbel Joseph Stiglitz se reunió con Georgieva. Si bien no trascendieron mayores detalles, Guzmán aclaró que "hay un reconocimiento de parte del FMI de la grave situación económica de Argentina". "Ya hemos conversado con el FMI y admitieron que el programa fracasó", enfatizó.

"No tiene sentido recibir más desembolsos del FMI a efectos de servir la deuda, en una situación como la actual, en la que hay una evidente insostenibilidad de deuda. Para poder pagar, hay que tener capacidad de pago y para tener capacidad de pago la economía se tiene que recuperar", explicó el ministro. No obstante, dejó abierta una pequeña ventana para aceptar dólares de Georgieva: "Si el FMI estuviese dispuesto a prestar para que Argentina pueda hacer inversiones públicas para aumentar la capacidad productiva. Entonces estaremos hablando de otra historia, el dinero sería bienvenido".

El FMI admite "la grave situación económica de Argentina" y está dispuesto a escuchar la propuesta que tiene el Gobierno de Fernández

El pasivo total de Argentina asciende por encima de los 300.000 millones de dólares, pero la actividad económica sufre una recesión que este año llegará al 2,8%, de acuerdo al relevamiento de expectativas del mercado (REM) del BCRA. Fernández dejó en claro que necesita conseguir un círculo virtuoso de expansión de la actividad para poder garantizar que se cumplirán con los compromisos.

Si bien la inflación no aparecerá seguramente como un condicionamiento ante la entidad, motorizó el derrumbe del poder de compra en los cuatro años de macrismo. Por lo tanto, el Gobierno necesitará atenderla para conseguir una facilitar una reactivación del salario real, uno de los objetivos para mejorar la economía a través del devastado mercado interno. El REM indicó que este año los aumentos de bienes y servicios llegarán al 55%, el máximo desde la hiperinflación de 1991.

Junto al cierre de empresas y la multiplicación de los despidos, la suba de precios resultó determinante para la disparada de la pobreza. De acuerdo al Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, en el tercer trimestre el 40,8% de la población no pudo cubrir sus necesidades básicas. Hace cuatro años, cuando Macri llegó a la Casa Rosada, esta consultora estimaba que esta situación la vivía el 29%.

La primera renegociación de Alberto Fernández con el FMI

Antes de la toma de posesión del 10 de diciembre, el presidente argentino, Alberto Fernández, tomó una decisión sobre la pesada herencia de la deuda externa. "Los muertos no pagan" le apuntó al FMI y al resto de los acreedores. Hizo referencia así a la frase que había usado para ese mismo fin en 2003 Néstor Kirchner, difunta pareja de Cristina Fernández de Kirchner y mandatario del que Alberto Fernández había sido jefe de Gabinete. Acompañó desde ese cargo a los dos integrantes de la pareja hasta 2008, cuando se alejó por diferencias con su actual compañera de fórmula.

En ese momento, el país ya había caído en cesación de pagos y, ante el reclamo popular, el Gobierno priorizó el crecimiento económico y la generación de divisas en lugar de continuar con el infructuoso ajuste fiscal. Si bien las renegociaciones de la deuda las llevaron el entonces ministro de Economía Roberto Lavagna y el secretario de Finanzas Guillermo Nielsen, Fernández ofició de consejero de Néstor Kirchner antes de que tome las decisiones finales.

Por seguir ese camino, en 2005 se anunció la cancelación en un solo pago de la deuda total con el Fondo, que consistía en 9.810 millones de dólares. A los acreedores privados les realizaron una quita del 70%, a la que accedieron la mayoría.

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