Sociedad

Coronavirus, África y lo menos visible

La epidemia se expande y en el continente aumentan los casos. Pero otros datos pasan desapercibidos.

Omer Freixa* (Especial para El Economista América)

La OMS ha declarado que la enfermedad causada por el virus COVID-2019 tiene un impacto "muy alto", aun no es pandemia pero su propagación continúa y la prioridad de los países es evitar su expansión por medio de la prevención. El 90% de los más de 90.000 casos reportados es de origen chino, con más de 75 países afectados y una cifra de muertes superior a 3.200. Sin embargo, ya existe experiencia en el tratamiento de otras epidemias en años recientes como el brote de SARS en 2003, la gripe A en 2009-10, etc. En 1918 la denominada "gripe española" mató a más de 20 millones en el mundo.

La enfermedad actual, si bien tiene un ritmo de expansión rápido, conlleva una tasa de mortalidad muy baja. Según la OMS, la última en China es del orden del 2% al 4% y, fuera del país asiático, se calculó en 0,7%, aunque depende de varios factores como edad, condición física, enfermedades preexistentes, etc. Es insoslayable la prevención y no entrar en pánico. Tristemente, existen enfermedades endémicas que aniquilan más personas al año que el coronavirus. África es un buen ejemplo de esos brotes ocultos.

Seis países

Si bien es cierto que el ritmo de propagación del virus se ha ralentizado en China, el temor avanza en África pues se incrementan los casos y se advierte que buena parte de los países no cuenta con los servicios básicos para hacer frente a la epidemia. El coronavirus aterrizó por primera vez en Egipto, a mediados de febrero, de la mano de una persona cuya nacionalidad no fue revelada.

A los pocos días se informó de un caso en Argelia, un italiano procedente del norte de su país, principal foco infeccioso europeo. Tras unos días, el enfermo fue deportado a su nación. La semana pasada África subsahariana reportó su primer caso, en Nigeria, cuando en Lagos se supo de un ciudadano italiano procedente de Milán que trabaja en la ciudad del país más poblado del continente. Se comenzó a seguir el rastro del viajero pues tuvo contacto con muchas personas. No obstante, las autoridades nigerianas llamaron a la calma y declararon que el país está preparado para hacer frente a la enfermedad. Pronto Argelia fue noticia de nuevo. Madre e hija argelinas se reportaron enfermas, tras contactos con infectados de Francia que dieron positivo tras su visita al país norafricano, y suman cinco casos en dicho territorio. Egipto tuvo su segundo infectado, otra vez sin revelarse su nacionalidad. En simultáneo trascendió que Marruecos y Túnez presentan casos, ambos dos procedentes de Italia. Senegal es el segundo país subsahariano afectado, con dos infectados franceses.

El torneo de la liga africana de basketball (BAL, sigla en inglés) se iba a celebrar a partir de la semana próxima en la capital senegalesa, pero la organización decidió postergar el inicio de la competición. Las aerolíneas africanas sufren pues, desde el inicio del brote, han perdido US$400 millones y varias de bandera han suspendido vuelos con China, como en Egipto, Kenya, Rwanda, Tanzania y Mauricio. Sudáfrica repatriará 151 nacionales varados en China.

Agentes patógenos mucho menos visibles

A ciencia cierta el virus que causa la actual epidemia es invisible a los ojos pero sí ocupa lo suficiente como para ser el principal foco mediático internacional de las últimas semanas. El coronavirus es furor, las consultas médicas aumentaron, la venta de barbijos y alcohol en gel creció, aprovechando además el oportunismo acostumbrado.

Según la OMS, en el reporte sobre malaria/paludismo 2019, para 2018 se estiman 228 millones de casos en el mundo, siendo el 93% africano, 213 millones de personas. Junto a la India, diecinueve países de África concentraron el 85% de las infecciones. Frente a 585.000 muertes en 2010, en 2018 405.000 personas fallecieron por la enfermedad en el mundo. El 94% de esos decesos se produjo en África. Si bien es una enfermedad cuyas estadísticas van disminuyendo a nivel global, no obstante es preocupante y endémica en varias regiones.

Desde agosto de 2018 una parte del este de República Democrática del Congo (RDC) sufre un durísimo brote de ébola, el segundo peor de la historia tras el que asoló principalmente tres países de África occidental (2014-2016) y sobre el cual la OMS lanzó un alerta global con más de 11.000 muertes. El actual no presenta nuevos casos pero ha cobrado, según el balance de la OMS, 2.264 muertes y 3.444 casos desde que el 1° de agosto de 2018 fuera declarada la epidemia. El problema es que la región vive un conflicto armado desde hace más de 20 años que complicó la atención médica, con reportes de severos ataques a personal sanitario y destrucción de centros de salud.

Para sumar a las dificultades de un país con serias falencias, a fines de 2019, RDC reportaba el peor brote de sarampión (250.000 casos y más de 5.400 muertes), más 50 casos de peste bubónica en una provincia desde enero de ese año, con 8 muertes, además de más de 27.000 casos de cólera durante 2019, incluyendo 472 decesos. El país también sufre a veces de poliomielitis y de la más rara viruela símica. En Madagascar la peste bubónica también es endémica. Aquel mal, que en el Medioevo pulverizó la tercera parte de Europa y tuvo varios episodios más, en los últimos meses de 2017 registró el peor brote de los últimos 50 años, responsable de 195 muertes y más de 2.000 contagios. La isla acostumbra a ver más de 400 casos anuales en determinadas áreas rurales.

En Nigeria, la fiebre de Lassa, una variedad endémica de la región occidental africana, en un nuevo brote ha matado 118 personas e infectado a 689, según una fuente local. El vector es un roedor y se sabe que la enfermedad, descubierta en 1969, se desata siempre a principios de año pero en 2020 la tasa de contagio (y mortandad) viene siendo mucho mayor. El año pasado la enfermedad provocó 160 muertes y en 2018 fallecieron 171 personas.

Lo anterior son solo unos ejemplos de enfermedades endémicas que azotan con cotidianidad determinadas regiones y cuyas muertes no aparecen en pantalla. En conclusión, las condiciones relacionadas a la pobreza, el hambre y la falta de condiciones sanitarias/médicas adecuadas (o mínimas) matan más que el coronavirus pero no siempre tienen la debida atención.

* Omer Freixa (@OmerFreixa) es historiador africanista argentino (UBA-UNTREF), docente e investigador en las Universidades de Buenos Aires y Tres de Febrero, profesor en el Consejo Superior de Educación Católica y en el Instituto Superior del Profesorado Dr. Joaquín V. González. Mg. en Diversidad Cultural y especialista en estudios afroamericanos.

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