Sociedad

El teatro presencial regresó a la Argentina en una reapertura épica

El murmullo del patio de butacas se detiene cuando las luces se apagan. Todo queda sumido en la oscuridad, salvo por un pequeño foco que alumbra el centro del escenario. De los altavoces comienza a surgir una voz masculina que recuerda la excepcionalidad de ese momento, tan cotidiano hace no tanto tiempo: "Le recordamos que deben permanecer con las mascarillas puestas", dice, y la gente escucha y acepta en silencio.

La única exenta de cumplir con ese requisito es Luciana Dulitzy, protagonista en solitario de 'La suerte de la fea'. Hay algo profundamente emocional en su interpretación de ese día. No es una función más para ella y el público es consciente de esa circunstancia, con una sensación sobre el escenario que resulta "completamente distinta" a la habitual.

"Me siento en la épica de la reapertura del teatro presencial. Me siento una privilegiada, muy agradecida y conmovida de volver al intercambio con el público y a que el alma me vuelva al cuerpo en escena", confiesa la actriz a Efe pocos minutos antes de su actuación.

Casos como el de 'La suerte de la fea' todavía son más la excepción que la norma en Argentina, un país que en marzo prohibió todos los eventos teatrales por la pandemia de coronavirus y donde esta actividad, habilitada recientemente tras meses de idas y venidas de protocolos, todavía está muy lejos de recobrar su ritmo de siempre.

ACTO I: Un teatro mermado y golpeado

Que el teatro estuviese paralizado durante ocho meses supuso un verdadero drama: Argentina cuenta con la mayor tradición teatral de América Latina, especialmente por su capital, Buenos Aires, una de las ciudades con mayor número de salas por millón de habitantes del mundo, alrededor de 116, según el Sistema de Información Cultural de la Argentina.

Pero al igual que el resto de sectores de la cultura, la actividad teatral cayó en picado durante los últimos cuatro años, como consecuencia de una crisis económica que hundió el poder adquisitivo de las clases medias.

"La verdad (es) que veníamos de un lugar de mucha caída de público. Las recaudaciones empezaron a caer en el 2016 y continuaron cayendo en 2017, 2018 y 2019 (...). El 'tarifazo' -aumento de precios de los servicios públicos del Gobierno de Mauricio Macri (2015-2019)- tuvo un efecto devastador", señala a Efe Roberto Bisogno, presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet).

En esos años, los actores y actrices no lo pasaron mucho mejor, más bien al contrario: según Alejandra Rincón, secretaria adjunta de la Asociación Argentina de Actores (AAA), desde 2016 hubo "una reducción en términos de puestos de trabajo de un 52 %" en el gremio.

ACTO II: Ser actor o actriz en pandemia

Con ese historial de constantes desplomes, lo peor que podría sucederle al teatro en vivo y a sus profesionales era un cierre indefinido de las salas durante meses, pero eso fue justamente lo que pasó en marzo, obligando tanto a empresarios como a intérpretes a ser ingeniosos para sobrevivir.

"Reaccionamos como siempre se hace en el ambiente artístico, con generosidad, compartiendo contenidos gratis en las redes y luego, como vimos que esto era para largo, empezamos a ver cómo podíamos monetizar todo nuestro trabajo y no regalarlo", afirma a Efe Sebastián Blutrach, productor y dueño del Teatro Picadero, que volvió a abrir el pasado 19 de noviembre para acoger 'La suerte de la fea'.

De hecho, la instauración de la cuarentena obligó a cancelar un total de 33 producciones del circuito privado y otras 31 del público, la mayoría de ellas en proceso de preproducción y de ensayo, según datos de la AAA, que estima en cientos las obras suspendidas también en la escena independiente.

Todo ello golpeó duramente a los artistas, que no gozan de un salario estable y cuya relación de dependencia es discontinua, razón que llevó a muchos a pedir ayudas al Estado o incluso alimentos para no pasar hambre durante los peores meses de la pandemia.

"A través de los contactos que nosotros teníamos con los anunciantes, específicamente de publicidad, logramos que muchas marcas nos hicieran donaciones de productos", explica Alejandra Rincón, que estima en 2.000 el número de afiliados de la AAA en todo el país que necesitó ayuda para comer en la cuarentena.

ACTO III: Una reapertura parcial e insuficiente

Ahora que los teatros han vuelto a abrir, la sensación de fondo es agridulce: los estrictos protocolos sanitarios, pensados para proteger a público y trabajadores, garantizan tanto el distanciamiento social como una ventilación adecuada, pero no todas las salas tienen las condiciones para cumplirlos y muy pocas han podido abrir sus puertas.

Los más perjudicados por esos duros requisitos (aforo del 30 % y una capacidad de renovación del aire de 40 metros cúbicos por persona en las salas de mayor tamaño) son precisamente los espacios independientes, habilitados muchos de ellos en edificios pequeños que, por sus condiciones, no resultan idóneos para organizar un espectáculo.

"Se está generando una especie de grieta en los teatros, los independientes están enojados porque se abren los teatros comerciales (privados). No es que se abran los teatros comerciales porque generan dinero, se abren porque son edificios más grandes, donde se puede respetar mejor el protocolo", aclara Roberto Bisogno.

"Lo que está pasando con la escena independiente no tiene salida, ellos están en edificios muy pequeños (...). Son salas de 50, 60 localidades, si van a trabajar con el 30 % de aforo van a trabajar con 20 localidades, esto es así", agrega el presidente de la Aadet, quien espera que en enero se flexibilicen un poco los protocolos para permitir un mayor aforo.

Ubicado muy cerca de la avenida Corrientes, el Picadero es uno de los pocos recintos que abrió sus puertas en esta primera etapa, un tiempo en que la inmensa mayoría de los teatros grandes trabajarán con pérdidas económicas: ya no se trata de sacar algo positivo de este año calamitoso, sino de dar los primeros pasos para un 2021 "más normalizado".

"La responsabilidad nuestra es mostrar que venir al teatro es seguro, esa es nuestra labor. Si nosotros conseguimos eso, se va a ir ampliando el aforo, y aspiramos a que a mitad del año que viene empecemos a tener la actividad más normalizada. Si eso es sostenible, para muchos, no", apunta Sebastián Blutrach en la reapertura de su sala.

Por ahora, no hay mayor interés entre los empresarios y los artistas que recuperar lo más parecido a una normalidad, cueste lo que cueste: como resume la propia Luciana Dulitzy, "volver a hacer andar la máquina que estuvo detenida tanto tiempo" en Argentina.

"Lo que a nosotros nos guía es la épica de volver a ponerle el cuerpo, darle vida, que vuelva a arrancar esta maquinaria y que el público se anime a venir. Los teatros son en este momento lugares muy seguros, están súper controlados", atestigua la actriz.

EPÍLOGO: Lágrimas y deseos para el futuro

Las luces del Teatro Picadero vuelven a apagarse tras los últimos acordes de Fede Berthet, pero ya no hay más silencio: la sala entera rompe en vítores y aplausos. Toda la atención vuelve a centrarse en Luciana Dulitzy, cuyo rostro, desencajado por las lágrimas de emoción, resume a la perfección lo vivido por miles de artistas argentinos en los últimos meses.

"Todo esto que nos pasó nos volvió un poco como una manada. Están ayudándonos a sanarnos de esto, esto no terminó, pero aunque no haya terminado uno puede ir sanando de a poco. Gracias por perder el temor, ojalá puedan extender el deseo a otros", concluye su alegato, y el público responde a su deseo con más y más aplausos.

Javier Castro Bugarín

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